jueves, 5 de mayo de 2016

Ser feliz aún en la pobreza

Julián y Pedro José caminaban juntos a la escuela del barrio, pertenecían a dos familias de distintos niveles sociales , la familia de Julián era muy adinerada, vivían en un lujoso chalet con un frondoso parque en el frente de la casa rodeado por una reja de hierro y mampostería, en cambio Pedro José vivía en una pequeña casita al final de la Cuadra, su padre era obrero de la construcción y su madre trabajaba en una pequeña fábrica de pastas,  en realidad yo era amigo de los dos, eran  buenos chicos..
lo que sí recuerdo y me quedo muy grabado en mi mente fue una conversación que tuve con Julián, aquel muchacho que parecía tener una mejor calidad de vida y gozar de todos los privilegios que el dinero puede darle a una persona con lágrimas en los ojos  me dijo que no era feliz que sus padres prácticamente no le prestaban ninguna atención que vivían permanentemente haciendo negocios ; que solía quedar a cargo de una señora que lo cuidaba. En cambio notaba que su amigo tenía una hermosa familia que envidiaba sanamente ;ese pequeño hogar donde iba a tomar la leche invitado por su amigo y que tanto saboreaba esa exquisitez servida en viejos tazones de loza,  que quizás no tuviera la belleza de su cerámica esmaltada pero el contenido y el abrigo de esa familia Qué hablaba de amor de solidaridad que tenía permanente gesto de amistad y abrazaba tanto a sus hijos que daba gusto verlos siempre
De sus familiares demasiado estrictos pocas veces en su vida había recibido un abrazo .
Dios en inmensa misericordia muchas veces nos da las cosas  de mayor valor a los pobres, por ejemplo la fortaleza espiritual , una familia adorable  y la fe qué nos permite vivir felices aun siendo humildes.

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